jueves, 27 de abril de 2017

InVicio

Sentimiento inútil, sobrevalorado, obsoleto,
obsesivo, fútil, improductivo, nauseabundo.
Gástrico, estorboso, inesperado, intermitente,
maleducado, desesperado, malintencionado.
Degenerativo, de amor anoréxico, desgastante...
Gusano persistente, estomacal, punzante;
Devorador de alma, de ego, de calor ¡De huesos!
Tembloroso, ni siquiera doloroso; Rajante,
Sobre todo en el pecho, en el alma, en la oscuridad
¡Bajo la almohada y las cobijas! Bajo la ducha...
Hasta en los sueños; En las cortinas, en la ropa,
sin olor, inherente al vacío, a la realidad,
A tu ausencia, a tu ausencia, a tu ausencia.
Buscapleitos, rabioso, inhumano ¡Inútil!
La vida una canción en solitario, en ebriedad;
De la impotencia, de sofoco, de sentarse solo,
Devastador, intranquilo... la lucha, el insomnio.
Sabe tú cuál sentimiento, Quizá este mismo.
 Sentimiento inútil, sobrevalorado, obsoleto,
obsesivo, fútil, improductivo, nauseabundo.
Gástrico, estorboso, inesperado, intermitente,
maleducado, desesperado, malintencionado.
Degenerativo, de amor anoréxico, desgastante...
Gusano persistente, estomacal, punzante;
Devorador de alma, de ego, de calor ¡De huesos!
Tembloroso, ni siquiera doloroso; Rajante,
Sobre todo en el pecho, en el alma, en la oscuridad
¡Bajo la almohada y las cobijas! Bajo la ducha...
Hasta en los sueños; En las cortinas, en la ropa,
sin olor, inherente al vacío, a la realidad,
¡A tu ausencia, a tu ausencia, a tu ausencia!
Buscapleitos, rabioso, inhumano ¡Inútil!
La vida una canción en solitario, en ebriedad;
De la impotencia, de sofoco, de sentarse solo,
Devastador, intranquilo... la lucha, el insomnio.


Lukas Guti

27/04/2017.  http://eriados.blogspot.com.co/

lunes, 24 de abril de 2017

El cuento de un hombre.



Caminé largas horas a través de caminos olvidados,
oscurecidos por las luces apagadas y empotradas,
sobre postes levantados como tumbas en la noche.
De pronto antiguas épocas se dibujaron a cada paso,
sobre todo por el olor a mierda de las vacas;
Algunas yacieron muertas, amarradas a las cercas,
y a los palos que separaban las calles del ensueño.

Sucedieron varios años hasta llegar a esta senda,
descubrí, pues, pese a importantes cambios
Que en esencia todo era igual, hasta yo.
Entonces caminé más, observando el cielo negro,
y caminé más, hasta temer encontrarme a otro,
quizá otra persona que también cruzara en mi época,
quizá otro meditabundo y perdido como yo.

Cuando regresé, descubrí un hombre desolado,
Enclavado sobre un escritorio inundado de luz.
Su rostro cubierto por sus aladares,
su espalda encorvada por días en vela,
y un montón de hojas humedecidas y manchadas,
acaso por sus lágrimas.

Este hombre me fue indiferente al cabo,
desapareció bajo el estruendo de la perenne lluvia,
mientras yo dormía cubriéndome con almohadas.
¿Quién era? Algún desgraciado... ¿Era un sombra?
Allá lo vi caminar indiferente cobijado por niebla,
Zafio aquel y habitante de cuentos sin contar.

Yo seguía en aquel cuarto tenuemente iluminado.
A lo lejos  cantaba una voz tersa;
No fuera un ángel pero me acompañó siempre
Y yo conocía todas sus canciones,
Pues las cantaba solo cuando nadie más lo oía.

¡Abrí mis ojos frente a una pantalla llena de líneas!
Mis manos iluminadas por la tenue luz azul,
Las líneas dibujaron al son de la música un vacío,
Y este hombre, su rostro cubierto por sus aladares,
su espalda encorvada por días en vela,
y un montón de hojas humedecidas y manchadas,
acaso por sus lágrimas,
abandonado a merced del mundo.






Lukas Guti.
24/04/2017.







viernes, 14 de abril de 2017

De la abstinencia


He sufrido de aquello de abstinencia,
No por drogas, cigarrillos, o café.
El alcohol tampoco mi talón de Aquiles,
Ni los hongos, los ácidos o la falta de fe.

He sufrido de abstinencia por la ausencia;
El frío en los huesos en noches clarísimas,
Lienzo infinito en pinceladas de oscuridad,
el vacío desmesurado de creatividad.

He sufrido de abstinencia,
con esta carga de recuerdos inútiles,
y mis huesos extrañando tu calor.


Lukas Guti
14 de abril/2017.

lunes, 29 de agosto de 2016

Librerías (Cuento)

Entramos a una de esas librerías de la calle 21, esperando enamorarnos de cualquier libro entre los estantes, e ignorando aquello que buscábamos. Nuestra diferencia de gustos no truncó nuestro interés común por alguno de los libros que de pronto llamara la atención; bien sea porque fuese ella quien lo descubriera o yo, en una bella lotería de títulos y reseñas. A veces nos separábamos entre los estrechísimos pasillos plagados de libros, en un hermoso laberinto construido por estas columnas de colores, con nombres que resaltaban desde Jim Morrison, Tomás Carrasquilla...  Julio Verne, la Alicia que odiaba a las matemáticas, hasta los ilegibles rusos, los clásicos, y la sección de política, derecho,  superación y  esoterismo que evitábamos.
De pronto recordé cuando me lanzaba a hurtadillas entre la biblioteca de mi abuelo justo después de que dejara el estudio en las noches antes de encerrarse en su cuarto a dormir. Podía pasarme horas leyendo solo los títulos de su colección.
"Hay que venir con más tiempo" me incorporé yo, mientras ella asentía. Que pese a contar con suficiente tiempo la noción nos engañaba de vez en cuando, junto a las discretas voces de otros compradores entusiastas que llegaban preguntando por títulos específicos de autores famosos y otros no tanto. Más tarde esto pudo sorprenderme, pues dadas las incontables distracciones de la época la gente aún acudía a estos olvidados recovecos enmarañados de páginas y polillas.
Ya fuera por nuestra descarada forma de pasearnos por el lugar como por la tardanza en encontrarnos con algún libro, o más bien, para comprar cualquier cosa, detectamos la urgencia del dueño azorándonos con su mirada desconfiada, disimulando con su presencia entre los resquicios, tomando libros sin repararlos como en una persecución de esa pareja de extraños en su tienda. "¿Pero qué mierda?" pensé. Percatándome entonces por lo incómodo de la situación, mientras me cruzaba con el dueño le pregunté para romper el hielo si tenía libros en descuento. "No tengo". Respondió secamente. Ya desencantados de lo que comenzara como un lindo ejercicio sin planear, terminamos por dejar el lugar tímidamente, amedrentados por el rostro de desaprobación del dueño.
Al final del día entramos en otra librería, mucho más espaciosa aunque carente de la magia de la primera, con libros en descuento exhibidos en la entrada cual tienda de ropa interior.  Su dueño, más jovial, nos reconoció por una visita anterior y logramos tomarnos el tiempo para comprar siete libros... Y más baratos. Fue una buena compra.


jueves, 25 de agosto de 2016

Votar

Tengo veintinueve años y nunca he votado. Siempre tuve dificultades para creerle a la democracia. Sin embargo,  pienso votar "sí" por el plebiscito. Es inútil pretender ser neutral o conservador en esta decisión, pues esto no es un voto por la paz sino un voto por la post guerra, necesario para pasar de página y abandonar este negocio. No somos los primeros en tomar esta decisión. Ya lo han hechos otros grandes países en guerras que abarcaron mayores territorios y que duraron mucho menos que la nuestra. Eso ya describe muy bien nuestra pobre manera de pensar, dados nuestros cincuenta años de conflicto.  Aunque no lo quieran aceptar aquí los derechos humanos son obsoletos. Si bien,  la culminación de un guerra requirió de la masacre de las masas, o sino pregunten a la historia que bien sabe retratar a sus ganadores. Es obvio, en una guerra se muere la gente. ¿ A cuántos más quieren masacrar ustedes? Por eso voy a votar "sí". Por mi país estúpido. Consciente incluso por una  oscuridad (me atrevo decirlo) de quizá 15 o 20 años de deterioro social "necesario", encausada por precisamente una post guerra. Así que no sean egoístas, esto no es una decisión que les va a resolver problemas adyacentes. Esto es para futuras generaciones.