jueves, 26 de mayo de 2011

Dedicado a mi generación

Y así permanecían en silencio mirándose unos a otros… pero ensimismados en sólo lo que ellos lograban ver. 
Aún así el hombre insistía en aquello de necesitar al prójimo para lograr sus cometidos; Pero esto era tan egoísta como la idea misma de permanecer atado a dogmas para no errar fuera del camino. 
Tan sólo el miedo de querer creer algo que no estaba sujeto a la masa, que se moldeaba por palabras ya dichas porque era fácil creer en algo ya planteado… 
Tan siniestro como unirse ciegamente a los coros de millones de almas que aclamaban una idea que ensordecía a los más débiles. Tan siniestro como temerle a nuestra propia duda sólo porque éramos jóvenes o porque los mismos que nos educaban nos hacían creer que ya todo estaba preconcebido. 
Entonces las olas de incertidumbre encumbraron a mi pobre generación a la decadencia que bien era disimulada por una ironía… o por un diploma. 
Al final todos se conocían pero al verlos caminar sobre las grises calles con sus nuevos logros semejaban fantasmas que iban y venían; eran narcisistas que tan sólo decían hola y si se interesaban por los logros de alguien más era sólo para cubrir su propio desinterés. 
Así, pues, permanecían en silencio… mirándose a los rostros ensombrecidos, pretendiendo no estar confundidos para al menos conservar una pizca de identidad. ¿Adónde se fueron los que nos influenciaron? Ojalá no hayan ido a parar absorbidos por ese ruin monumento que el hombre ha ido erigiendo y que la gente se ha empeñado en llamar Sociedad. 
¿Cómo creer pues, en uno mismo, si ciudades enteras son Alegorías? “¡He aquí que se levantan imponentes las paredes y las torres, He allí en lo que he de creer!”… Entonces el mundo era un lugar tan vanidoso que el hombre se vanagloriaba incluso de aquello en lo que no podía creer. 
Y los pocos que no sin cobardía se negaban a ennoblecer su civilización terminaban postrados ante la potente imagen de alegorías tales, porque les arrebataban su fe… 
Mi generación estaba tan consciente de necesitar un nuevo mundo que dejó de creer en casi cualquier cosa. ¡Y esa pizca de identidad de la cual nos aferrábamos estuvo siempre expuesta ante los gritos que intentaban acobardarnos!
Ya no puedo mentar más… 

Jueves 11 de marzo de 2010.