jueves, 26 de mayo de 2011

Diálogo (cuento)

Nota: Este Cuento está basado en una conversación real. Si alguien más se siente aludido no se le olvide mentarme la madre, por favor =P


El día era fresco bajo grises nubosidades. Nadie osaba sentarse en las sillas públicas del parque cercano a la facultad puesto que el rocío de una temprana lluvia había dejado su rastro en ellas. La gente que usualmente transitaba por los andenes yacían presas por los truenos bajo los altísimos techos de la facultad, casi como un rebaño asustado.
Como no llevaba reloj y la desmesurada reticencia de sacar mi celular touch para ver la hora por la ridícula pena de demostrar mi vanidad frente al mundo, asumí que habían pasado quizá diez minutos desde que había llegado allí. 
Entonces comencé a desesperarme con disimulo, metiendo mis manos en los bolsillos e intentando cubrir mi rostro con mis aladares. Por un segundo volteé y vi acercándose casi con cautela a ese estudiante de derecho de diecisiete años con el cual tenía planeado reunirme antes de medio día. También venía en compañía de una hermosa mujer de veintidós años, estudiante de arquitectura, a la cual yo siempre admiré sus labios.
Asimismo, me fui acercando lentamente hacía ellos y alejándome cada vez más de la calle principal, hasta que estuvimos frente a frente. 
- ¡Qué hubo hermano! –Saludó él con carácter mientras cruzábamos las manos en el aire. 
- Que más viejo, pensé que no iban a llegar. –dije con cierto desdén.
- ¡Hola! –saludó ella al instante al tiempo que nos acercábamos para darnos el protocolar beso de mejilla.
- ¡Qué va! Si todavía faltan 10 minutos. –replicó, pues, él con una sonrisa de suficiencia. –Ya vengo, necesito un cigarro.
Al cabo que él se iba perdiendo entre recodos en su desventurada búsqueda del carrito de los dulces, yo observaba con recelo los alrededores pensando en lo que diría a continuación: 
- La verdad sigo dudando que algún día llegue a la Universidad. –dije desinteresadamente. 
- Porque no quieres –replicó ella casi como en un suspiro. 
- No creo, este mundo no es para mí. Hace poco estuve aquí y me sentía como un forastero. Es casi como si sólo existiese un número ilimitado de estilos de vida: La U, o manejar un taxi; O en su defecto, algo más degradante que lo primero. 
- Hay muchas cosas –dijo ella sin convencerse, sorprendida por el rumbo que tomaba la conversación.
- Todas se basan en lo mismo, hacer plata para fabricar un poquito de felicidad; lo que pasa es que es “más digno” si uno se lo gana con título. 
- La felicidad no está en la plata… -Siguió diciendo ella con paciencia. 
- La felicidad está en los logros que la sociedad nos quiere dar… -continué yo con mi siempre animoso afán de no escuchar las opiniones ajenas. –somos como animalitos domesticados por gente más inteligente o con más plata; Pero no importa, de igual forma ya estamos demasiado acostumbrados. –terminé torciendo mi boca en signo de desaprobación. 
- Con más plata… -se limitó decir ella, pensando si esto la hubiese ofendido o no. Al cabo dijo sin exaltarse demasiado: -¿Tu porqué te quejas tanto del sistema cuando no has salido a ver cómo funciona o si funciona para ti? 
- Funciona porque me acostumbraron a ello –respondí rápidamente con mi nefasta incapacidad de tutearle de regreso –Yo también estoy domesticado, además, alguien tiene que quejarse. 
- Mucha gente lo hace –dijo ella mirándome con desánimo - ¿Pero qué se ganan si no van a hacer algo? Como dicen por ahí: “Hay que atacar desde adentro, desde afuera uno no es nadie”. 
- Hay quienes lo atacan desde adentro y se hacen llamar abogados, pero eso tampoco ha funcionado. –objeté desviando mi mirada hacia el estudiante de derecho que se acercaba lentamente mientras devoraba su cigarro. –Debería escribir sobre esto… 
- ¿Sobre qué? –se introdujo él terminando su cigarro mientras lo cogía por la colilla. 
- Sobre el sistema y nosotros como cerdos domesticados. –dije encogiéndome de hombros. 
- Muy acertado, pero triste. Son pocos los tratados que han cambiado el mundo. –dijo tomando un suspiro mientras ambos lo observábamos como aguardando sus palabras –Igual… le recomiendo que lea a estos “monstruos” Hayek, Marx, Keynes y quizá puede relucir el tratado que desee escribir. 
- No, nada –le objeté -Si me pongo a leer a esos manes, y luego si me pongo a escribir voy a resultar con una copia de los mismos tratados que ellos hicieron pero con diferentes palabras. O peor aún, voy a resultar haciendo un puto análisis. 
- No, esa no es la idea –se exaltó él como queriendo retomar su idea inicial –Acuérdese que usted me enseñó de pequeño que para escribir hay que leer, y pues… su concepto ya lo veo más Geopolítico, más maduro. 
- No hombre, para aprender a escribir hay que leer. Pero para plasmar las ideas hay que ser inteligente… no basta con saber plasmar algo. 
- De igual forma, -siguió él como si no me hubiese escuchado decir esa frase tan hecha –Uno debe transmitir lo del autor; quizá es copiar, pero quién sabe; quizá de analizar y criticar usted se gane el Nobel por tumbarle la teoría a Hayek en su tratado “Camino a la Servidumbre”, o quizá a Marx derrocándolo en del Capital. ¡Si Ve! Uno no sabe –Terminó con satisfacción. 
- Finalmente… usted y yo pensamos muy diferente. Jajá pero bueno –Al final yo reía con deshonestidad. Pues al cabo ninguno de los dos terminó por probar sus teorías. 
- También depende de lo que tú quieras escribir –Se incorporó ella como notando ese espacio de inconformidad, Y haciendo relucir el porqué había escogido estudiar arquitectura –Sí hay gente que analiza, pero crear es algo muy diferente. Hasta se debería crear la forma de escribir… no sólo la idea. 
- En todo caso aprender gramática es una cosa… -Dije Yo como queriendo refutar mi antigua idea –eso quizá se aprende leyendo, y eso que más o menos. Pero surgir con una idea es otro cuento, lo difícil es plasmarla. Para ello uno no necesita leer a otro marica … uno lee para tener puntos de vista. Lo difícil es no dejarse llevar por esos puntos de vista y eso es lo que la gente suele hacer; Por eso es que existen los bandos.
- No sé –rechazó él con cierta diplomacia, la misma que todos los estudiantes de derecho iban adquiriendo extrañamente en cada semestre –Quizá ellos escribieron algo que vivieron en sus épocas, pero jamás intentaron maximizar las ideas. Sin embargo, cambiaron la forma de pensar del mundo. Por ejemplo, Marx. Así suene raro es Marxisista escribir un tratado; Lo otro es que imbéciles tergiversaron sus ideas y las convirtieron en una especie de comunismo. Cosa que no hizo Marx. Por eso digo… Si quiere plasmar sus puntos hágalo, escriba, no sabemos realmente cómo va a cambiar eso al mundo. 
- Psh… cambiar el mundo es una idea ingenua –Dije con descortesía, así con la frialdad con la que el día nos había recibido. –Crear algo es lo difícil. Sí, excelente leer… pero no se pierda mucho en lo que lee, tampoco se nos puede olvidar nuestra propia identidad. 
- Claro, Yo critico, obviamente no comparto todas las ideas de todos los autores. Es sólo que existen cosas que perduran en el tiempo. Que son básicas. Que ellos escribieron cambiando la forma de pensar de muchas generaciones. 
- No deja de ser un sistema. –repliqué yo mientras ella me lanzaba miradas de indignación –y los sistemas para que funcionen hay que renovarlos. 
- ¡Si ve! –se burló él –Haga eso que usted cree. Un tratado haciendo una crítica hacia el sistema. Dándole aplicación, eso sí. No vaya a caer en el error de Kelsen… 
- ¡No puedo! –le respondí sonrientemente para sorpresa de ambos –Yo soy poeta, no filósofo. Lo que voy a hacer es una alegoría del sistema donde nosotros tengamos lugar… 
Al final todos terminaron sonrientes como aliviados de finalizar aquella discusión. Ya era tiempo de partir y seguir ignorando las dualidades que nuestras influencias nos había otorgado… 

Lukas Guti



Martes 30 de marzo de 2010