jueves, 26 de mayo de 2011

Inmortalidad

Resulta, pues, que las musas
No son del todo sinceras.
Que no hay musa verdadera
Tan sólo varias hormonas.

Me atrevo mentarlo de esta forma
Porque descubrí con desencanto 
Que tener musas era un engaño,
Tanto que sólo aludimos al amor
Mientras estamos enamorados
En versos cursis y otros no tanto
Y así nacían dedicaciones
Que, sin embargo, significaban algo. 

Fueron las musas tan engañosas
Tan hábiles, tan presuntuosas,
Que los poetas las glorificamos
Y por su gracia nos crucificaron,
La misma gracia que les adjudicamos. 

Supieron ellas de nuestras tristuras
De tantas noches buscando ternura
Supieron ellas de las desventuras
Y de las lágrimas, las ataduras... 

Caímos tan bajo que las amamos
Les dimos tanto que nos las reinventamos
Ya no eran las mismas; eran espantos
Nos asustaban, nos deleitaban. 

Y las amamos porque eran nuestras
Como Quimeras, como Franquestain,
Como lo que hicieron de mí las letras
De igual manera yo las hice a ellas. 

Escribí, pues, con inspiración o sin ella
Y fue lindo ver en ese momento 
A una mujer que Bajaba del cielo
Diciendo que sólo era eso, una mujer. 

Yo la envolví entre mis brazos
Y la besé con anhelo.
Pero antes de enamorarme de nuevo
Por otros deseos y ensoñaciones
Le dije bien con grosería 
Palabras que el cielo guardó con recelo:

“Es que ahora comprendo el afán 
De hacer de tí una inspiración.
Y quizá tengas mi corazón,
mas no por ello dedicaré sólo
estos largos poemas de amor;
Y es que Yo no soy poeta por amor
Sino por la inmensa sinceridad,
Lo que hizo te enamoraras de mí”.

Comprendió, pues, la mujer
Que ya no era intocable
Que ya no estaba en el cielo
Y corría el riesgo de ser asesinada
Por un poeta, o por un verso. 



Lukas guti. 
24 de mayo del 2010. 01:42