jueves, 26 de mayo de 2011

La Razón a Través del Espejo

Nota: El siguiente es un Diálogo escrito de manera colectiva con mi buen amigo Diego Galvis.


- Si tanto nos pareciésemos no nos veríamos en el espejo… Aún así insiste en ello. 

- Sería, entonces, la envidia que bien sabe llegar cuando menos se espera. 

- Incluso si fuera envidia estaríamos a gusto dignificándonos el uno al otro, 
como en una eterna adulación. 
Como si el reflejo mismo de narciso le proclamase 
halagos a él mismo desde el lago en que se miraba. 

- Narciso no amerita al verso,
Imagen, o el Ser.
Al menos el espejo muestra mi carne
Como la “salpico” a los demás.
 

- Pese a todo, lo que vemos en tal espejo sólo refleja nimiedades,
todo lo demás es producto de lo que otros hacen de uno. 

- Aún no sé cómo puedo seguir sentado casi 24 horas,
Rodeando el mismo asunto, viéndome a la cara
Que ya no es mía, que incluso nunca lo fue
Que aludo como mía, solo porque creo encontrar
Una similitud en quien la lleva puesta.
 

- Las similitudes suelen ser ponzoñosamente engañosas
Como una falsa presunción de aquello que nos forma
Mientras nos dibuja facciones que no son nuestras
En el rostro del prójimo… 

- No está lejos de la razón, y no es que yo lo sepa.
Acondicionamos al Ser, a su espacio.
Ocasionamos nosotros mismos, todo lo que pasa.
 

- Y es que si no lo hiciéramos terminaríamos
Postrados de rodillas frente a lo soledad
No como decisión propia sino como un castigo. 
Un castigo impreso por la misma sociedad
Hacia el individuo que se niega a dejarse absorber. 

- ¿Cómo sería si todos se llamasen “Raúl”? 

- Ninguno de nosotros tendría rostro…

- Yo soy Diego y mi perro es un gato.
¿De quién es Raúl?, mío no es.
Si conociésemos al homónimo, dejaría en ese instante de serlo.
 

- Según lo que sugiere, por lo que tanto me sostiene
supongo que no importaría aquello que yo fuese
si por mi igual yo descubriese que yo mismo
no soy nada…

- Y es que en sí, nosotros no somos.
Creemos serlo, o más bien
Aparentamos serlo. Soledad, envidia, ego,
Son muchos factores alterando la faena existencial.
Así como dios, no creo en la casualidad.
 

- El sólo hecho de mencionar a dios nubló todas mis apreciaciones
pues como no somos, dios tampoco lo es.
Dado que es nuestro propio reflejo
y eso turba aquello que pueda acercarse
a una posible verdad. 

- Dios es solo un agente más.
Pero si hablamos de reflejo, todos lo somos,
Uno tras otro, como la moda curtida del jean
Como la mujer que maquilla su rostro
O el hombre que ciñe sus bíceps.


- En algo estoy de acuerdo con usted
Y es en que por esa misma vanidad
El hombre tuvo que crear a dios
A su imagen y semejanza,
Y no al contrario.
Puesto que por esa falsía perfección
Incluso el hombre fue incapaz
De manifestar a dios
A través de sí… Otro vano reflejo. 

- ¿He dicho “dios”?.
Lo suelo confundir muy a menudo
Con aquella gracia absoluta,
Que ella bien sabe traer colgando
De cabellos negros y ojos marrones,
Acompañando su siempre y afortunada
Presencia en las horas menos esperadas,
Cosa que ella niega como casualidad. 


- Ahora se empecina en hablar de una fémina
Y la sube en falsos pedestales que podrían enamorarla
O bien, enamorarlo a usted mismo. 
Y quizá termine olvidando incluso a los ideales
Por adorar a otra alegoría de la cual
Su frágil fe podría depender por siempre
O al menos hasta que esta sea quebrantada
Por alguna otra desilusión.
Y como el hombre suele sufrir de orgullo
Al final sería mucho más factible
Por no mencionar fácil
Adorarse a sí mismo. 

- La fe es tan variable como el clima en estos días,
¿No es justo otorgarle divinidad
A algo o alguien que intenta deslumbrar con su existencia?
¿Qué sería del hombre sin su felicidad efímera?
Al menos yo sé que lo es….
 

- Una vez quise adorar a una mujer y termine ciego,
Mudo... y hasta mueco por los tropiezos que di.
Es cierto. La mujer puede ser una muy buena razón
Para vivir, o para morir. 
Pero la fe es algo más que una simple convicción
Nos absorbe física y mentalmente
Es nuestro pilar más frágil cubierto de plegarias
Y las plegarias lo deforman constantemente
Dadas las ambiciones del hombre. 

- ¿Por qué se empecina en despotricar la fe?
Una cabeza traumada acostumbra
A escupir sólo insultos a lo que, por desgracia,
No supo darle un buen trato.
La fe, la razón, y la moral
Son destajadas por individualismos
De los amargados en su carrera por la vida.
¡Ah...! Todo es tan vano.


- Ya veo, pues, de qué forma me está considerando 
Entre tantos tajantes adjetivos.
Pero de los “amargados individualismos”
Debo añadir que si no fuera por “ellos”
El mundo sería sólo un caos de superficialidad.
Dado que entre tanta desidia por la vida
Aquellos que decidían cuestionarse 
Más allá de una vida cotidiana
Fueron los que con osadía
Plasmaron lo que los ordinarios
Consideraron hermoso o admirable. 

- Es cierto, si no se defeca,
No se podría observar
Lo que mal se digiere.
Pero ser un empedernido
Contra lo que nos regocija:
¿Hasta dónde se puede soportar?
No digo que cuestionarse y cuestionar sea erróneo
De hecho, es necesario,
¿Pero hasta donde se podría aguantar?
 

- Según las máscaras que antes construí
Una de tantas me recuerda vagamente
Que por vagas que ahora vea sus facciones
El cuestionarse a uno mismo es en igual forma
Un proceso que va madurando
Y que con el tiempo se aprende a soportar
Entre distracciones o banalidades
Para que todo éste camino inalterable
No sea insoportable…
Y es que de la mierda que uno desecha
No es del todo inservible
Dado que si quisiera
Podría comerla y sobrevivir de ella. 

- ¿Comer mierda?
¿Más de la que consumimos en todo medio
Audiovisual y de la que compramos empaquetada?
“¿Quién soy yo?”
Me hicieron escribir
En la escuela.
Va una década y aún
No puedo responderlo.
 

- ¿Usted dice medio audiovisual? 
Yo creía que aún estábamos en el Medioevo
Tertuliando como un par de viejos chochos 
Que cansados de tanta incertidumbre
Se mofaban de saber filosofar.
¡Qué mierda más escalofriante! 
Ahora entiendo porqué se inventaron
Tantos artefactos inservibles
Para vivir en paz. 

- ¿Viejos chochos?
Tal vez en varias décadas,
Si es que la chatarra y la “paz” de los artefactos
No nos mata primero…
Como venía diciendo:
Yo soy Diego y mi alter ego está durmiendo.
 

- Yo de alter egos prefiero abstenerme hablar
Porque de tantos que poseo más imprudentes que yo
Temo que por el afán de de éstos por mostrarse
Salgan a confundirme con otros nuevos argumentos
Y quizá comiencen a renegar sobre los hombres 
Diciendo que son sólo eso y no lo que ellos quisieron ser
Entre tantas historias que se inventaron,
Así como esto que yo mismo acabo de mentar...
¡Qué tragedia, ahora mismo puedo verme reflejado,
Por la traición que yo mismo predijera! 

- ¿Pero de qué sirve temerles? 
Sólo desperdicio de tiempo,
Ellos sólo se apoderan de la carne
Cuando quieren y hasta cuando no quieren;
“selección natural” la cual los hace presentes a cada uno
En su momento indicado.
 

- No le temo a mis alter egos.
Le temo a mi yo real; Lo que está por encima del bien
Y del mal. 
Lo que quizá no me dejaría ser…
¿Usted a qué le teme?

- Me le robo su palabra, y también
Me temo a mí mismo aunque no sea
Precisamente yo el que encabece
Mi lista de fobias:
A las arrugas y madurez obligatoria en mi cuerpo,
A un diabólico número,
Al canto de los pájaros de madrugada,
Y a seguir confesándolos.
 

- ¡Timorato! Aunque si no lo fuera
Diría que usted es mi propio reflejo
Intentando convencerme
De todo lo que no soy…
¿Entonces por qué aún no logro verlo
En ese mentado espejo?

- Acá ya nadie refleja a nadie,
Es más, podría yo ni siquiera existir
Y ser otro jueguito de su mente chueca
Que solo supo entretenerlo
En esta charla peyorativa de sí mismo.
Quizás no sea su mente; En su lugar la mía
Con jueguitos ridículos,
Para intentar vacilar su entendimiento
A los espejos sociales.
O mejor dicho, la mente de los dos vacilando en sí mismas
De manera compartida en el limbo de la discordia.
Somos todos hijos de la modernidad
Que nos supo mal educar,
Así sea ella una engreída que nos rechaza
Junto a alguna de sus crías.
 

- A propósito de los juegos
Nos falta madurar para entender
Que de estos juegos premeditados o no
Existen aún pretensiones que nos envician,
Ante todo por corretear ingenuamente
Entre la malicia de los individuos… 
Y por tanto enviciarnos olvidamos la sinceridad,
Y dudamos de todo; La inseguridad hecha un hábito. 
La Modernidad, por el contrario,
Es aquello que nació después de dios
O de los dogmas. El hombre era tan vacío
Que tuvo que llenar sus huecos existenciales
Con algo más sólido que las parábolas de los libros. 

- ¿Podría, entonces, sentarme a esperar la cordura? 

- Claro. Pero si no tiene paciencia
Lo único que finalmente llegaría
Sería la locura cabalgando libremente
¡He aquí un baile entre dualismos!

- ¿Cordura o locura?
Entonces en donde estoy ahora, o más bien
¿En dónde estamos ahora?
 

- Frente al espejo. 

- Yo tengo el mío, y usted, supongo posee el suyo;
Algo que he aprendido en mi viaje existencial
Es que nadie se refleja en el espejo de otro,
Por consecuente, usted no podría verse en el mío,
¿Dónde está el suyo?
En el mío solo aparece mi rostro.
 

- De nuevo hablan los espejos y los temores;
Y es que por andarse mirando demasiado
Se corre el peligro de toparse con uno mismo.
¿Mi espejo dice? Yace en pedazos en algún rincón
Puesto que cuando me descubrí a mí mismo
No pude soportarlo… 

- Al fin de cuentas son sólo reflejos mal proyectados 
De cada uno, no sólo de nosotros dos.
Si escribiese “aloh” y lo reflejara en un espejo,
Éste me saludaría, siendo legible sólo hasta el momento
De reflejarlo.
¿Entonces como tendríamos que ser, para dar un buen reflejo?
 

- Soy usted mismo. Exactamente un reflejo mal proyectado.
Y está mal proyectado porque uno siempre se ve diferente,
Y porque usted me ve diferente.
La concepción del mundo nos convierte en engendros
Dado que los reflejos sí importan… es que somos vanidosos. 

- Creo que al observarse en su espejo escondido
Dentro de algún tiempo, cuando cese un poco el temor
La impresión será mucho mayor que la última vez,
Puesto que el tiempo no perdona, se encontrará usted
Mismo con alguien aún más extraño y con más cicatrices.
 

- Y más feo. 
¿Y si en todo ese tiempo jamás miró un espejo?
¿Alcanzaría a reconocerse o se quedaría mirándose,
Intentando dilucidar quién es?
Por supuesto, la vanidad del hombre lo obligaría 
A quedarse viendo su viejo reflejo por los años
En lo que nunca logró comprenderse a sí mismo. 






Por Lukas Guti y Diego Galvis.
Terminado el 9 de Junio del 2010.