martes, 27 de septiembre de 2011

Nota:

Yo soy lo que hiciste de mí ¿Entonces por qué me repudias tanto? Soy tu hijo, tu único mal, soy tu engendro. Y yo te amo Modernidad, madre mía... Soy tu tragedia humana, ya deja de negarme, al menos sé mi madre... por una vez.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Celos



¿Quién te dijo que tenías cara de muñeca?
No fue mi paranoia ni mis celos desbordantes
Tal vez una especie de retorcida consciencia
Mis solipsismos macabros alejándome de vos
Mientras me seguía quejando largamente
Temeroso de que volaras en lontananza
Allá donde los pretenciosos podían tocarte.

¿Y fui yo otro de esos tantos desgraciados?
Es que también yo te había tocado
Tus labios, tu alma, tu sexo, tu calma…
También se valía tocarte con morbo
Con tal de que lograra amarte en mi cama
Amarte fueron los únicos actos reales
Sudarnos la piel como en un descubrimiento
Galopándonos ansiosamente con los labios
Y al final una delgada línea de desolación
Tan frágil que por instantes dejaste de ser mía.

La regla fue obligarnos a correspondernos
A ser felices entre los dualismos y polaridades
Pero a veces te distraías y mirabas de soslayo
y como por pura inercia nos abandonamos
entonces publicaste poemas ajenos a los míos
los marcaste con vehemencia en tus lunares
los dejaste recorrer todas tus cicatrices
y yo muriéndome por dentro por cada verso
los que no fueran míos y que te penetraban.

Volví entre pasos delirantes y obsesivos
Y amarré una larga cadena a tu cuello
Mis dientes aún los remarcaron como dagas
Y no por vampíricas y ridículas fantasías                   
Sino  por mi mera vanidad de seducirte
Atrapado por todas lo las cosas que fueras
Cualquier  rasgo que un hombre inventara
Y no necesariamente alguien enamorado
Sino cualquier imbécil deseando estarlo

Me inventé una forma de curar tu ausencia
Imaginaba formas de colmar tu paciencia
Y ya con cierta inconsciencia logré hartarte
Llevándote a pedestales que ni yo reconocía
Estatuas tuyas erigidas en los desvelos
Tan maquiavélica mi forma de adorarte
Un simple hombre excitado por tu vulva
Y un perro  escribiendo barbaridades.



Lukas Guti
23 de septiembre de 2011




jueves, 22 de septiembre de 2011

Ya había encajado varias veces cual ficha estándar
Abrumado accidentalmente por rasgos familiares
Nacíamos con la misma raya divisoria en el culo
Un recipiente prefabricado y fecha de caducidad
Nos implantaban variables físicas para disimular
Pero todos defecábamos en las mismas cloacas.

A mí también me tatuaron un código definitorio 
Pero nadie lo notaba por semejarse a un lunar;
Ser tan iguales nos obligó a buscar diferencias
Y si vimos a otros por ese rumbo privilegiado
Lo criticamos por no ser suficientemente bueno
Y si fue bueno nos enamoramos de sus ideales
O al menos, por pura dignidad, lo admiramos
Es que enamorarse también fue por ese pretexto
Y cómo podría ser malo buscarle sentido a ello…



Lukas Guti.
22 de septiembre de 2011

martes, 20 de septiembre de 2011

Quince centímetros

Quince centímetros pegada del suelo y caminando sobre zapatillas negras y brillantes. Algunos creyeron haberla visto en un cuento que rondaba  urbanamente por varias décadas, pero la niña no tuvo nada que ver con esta historia difícilmente infantil.
Los que tuvieron oportunidad de verla jamás estuvieron del todo conscientes. La niña jugueteaba con mentes ebrias o cansadas, y la sociedad apenas lograba aceptarla cual si fuera un mito reinventado.
La niña buscaba entre los escombros de los hombres la forma inocente de escabullirse, casi como un gusano penetrando una manzana, y entre los cerebros de la humanidad.
Pocos lograron entender el surgimiento de tan feérica aparición, puesto que la incredulidad logró incluso por un tiempo desaparecer los pasitos tiernos de la niña sobre las ciudadelas.
Los niños, igual en casi cualquier historia, eran los que lograban verla más a menudo; pero esto era de esperarse cuando eran los niños los únicos que el mundo aún no transgredía con sus filosofías… al menos hasta cierta edad. Sin embargo, la niña de quince centímetros no era ningún hada traedora de sueños o de alguna otra fábula desesperada, sino la propia forma en que la incredulidad del hombre edificaba la forma de vida.
En una ocasión la niña de quince centímetros caminó a lo largo de un parque solitario. Era muy entrada la noche y pocos hubiesen logrado topársela de no haber sido por lo corrompidos que éramos. La noche siempre fue una forma disimulada de auto flagelarse, y es que la oscuridad siempre fue mucho más atractiva que la luz.
Había un hombre sentado en una silla de concreto. En silencio, cubriendo su rostro con un sombrero y una chaqueta que le cubría el cuello. Era joven y fumaba un cigarrillo de marca ilegible, de esas que casi cualquier producto como los que  hoy memorizábamos por simple mecánica.
La niña de quince centímetros llegó hasta sus pies y se sentó en la punta del zapato derecho del hombre, y este sin inmutarse siguió fumando su cigarrillo.
A la niña le sorprendió la frialdad del aquél hombre y llegó a pensar que quizá no habría notado su ligera presencia, por lo que saltó sobre la punta del pie del hombre pero este siguió tan vacío como sus ojos marrones postrados en la oscuridad.
La niña comenzó a cantar dulcemente y por primera vez notó que el mundo definitivamente no la notaba. La inmutable presencia del hombre la hicieron sentirse más pequeña y logró abrumarse cuando miró los grandes árboles a su alrededor.
Pero no sólo eran los árboles sino la forma en como se pronunciaba la vida. Ella era suficientemente pequeña como para que este hombre la aplastara, y por primera vez se sintió acogida por un desconocido al que sólo intentaba confundir.
-          Yo no soy hombre de este mundo –Dijo.
Ella se encogió de hombros y le respondió de igual forma. Hubo un silencio aterrador que reveló los silbidos del viento. La niña miró sus zapatos y vio que estaban rotos, al igual que su vestido. Había crecido en cuánto oyó las palabras del hombre.
-          Pudiste ocultarte pero preferiste darle motivos a un pobre hombre devastado. –Dijo de nuevo el hombre.
La niña creció de nuevo. Y corrió lejos de allí entre arbustos y pastizales. Corrió fuera del parque hacia las calles vacías iluminadas por semáforos. Y entre uno de tantos almacenes notó su figura reflejada en uno de los grandes cristales; ya no era una niña de quince centímetros, sino una mujer maltratada por el mundo… casi una furcia que corría desnuda entre las calles, y aquel misterioso hombre que la volvió mujer…


Lukas Guti.
20 de septiembre de 2011

sábado, 17 de septiembre de 2011

La Fe de los Mártires.

Despertaba caminado sobre un amplio trecho
Y tantas cosas surgieron y cuán difícil fue aceptarlas
Un rollo de película manipulado para verlo existir
Tanta conciencia para terminar lamentándose
Años muchos como sin importancia trascurridos
Esparcidos cuales claros de luna entre bosques
Olvidados por la pereza de vivir plenamente
La negación tan fácil de aceptar como un flagelo
El masoquismo del individuo sufriendo por voluntad
Los mártires modernos reflejados en una vieja cruz
Es que cortarse uno mismo causara embelesamientos
El fetiche de sentirse vivo de vez en cuando
Cuando incluso el sexo se vio sobrevalorado
La sangre tan amarillista surgía cual salvadora
La vulgaridad hecha un torrente de muerte ansiada
El suicidio como otra forma de vida inconsciente
Los que vivían enojados y sin comprender la fe
Los que morían encausados a tantas desidias ajenas
Porque sufrir por las propias no era suficiente
Nos convencíamos incluso de nuestra hipocresía
Escuchándonos, leyéndonos, mirándonos y viviéndonos
Era más real no arriesgarse sin necesidad de soñar
Más fácil que creer tantas otras cosas abrumadoras
Creímos en no ser creyentes y felices fuimos ignorando
Por un tiempo con aquella  ausencia de necesidad
Y en cuánto esta aparecía nos volvíamos hombres
Llenos de motivos y razones para seguir viviendo
Y fue tan necesario enamorarse y desenamorarse
Fue tan indispensable amargarse y tomar riesgos
La vida misma obligándonos a vivirla y agotándonos
El tiempo siempre descarado sacando todo en cara
Burlándose diariamente con muecas irreprochables
Algún otro dios inservible de los hombres temerosos
El temor que tanto les causaba aventurarse
La idea de estar siempre seguros y de pertenecer
Un sistema corroído por el orden y las reglas
Los excesos organizados entre libros de valores
La sociedad de hoy enmascarada en moralidades
En contra de las paredes que nos erigíamos
Hicimos el amor una noche cualquiera en nuestra vida
Y luego, por si fuera poco, el mundo quiso cuestionarlo
Y no me digan que fue tan fácil intentar creer
Pues que por ello admiramos los individuos con fe
O los que decidieron creer sólo en la humanidad
Y no en ellos mismos por necesidad de sacrificio
Qué manera tan humilde de ufanarse como mártir
Y nosotros felices construyendo alegorías de ello
Soñadores atrapados entre amplios trechos inventados.


Lukas Guti.
17 de septiembre de 2011.





miércoles, 14 de septiembre de 2011

En Pausa

Por un momento odié toda esa parafernalia llamada vida. De nuevo. Recordaba a la gente y a sus rostros imperfectos; a la grasa, el sudor entre arrugas y facciones; Mi vanidad antepuesta ante  miradas desolladoras, la silla de acero en la que estuve estancado por largos minutos, que sosteniendo encarecidamente las manos de ella y a sus lágrimas, no bastó para detener tanta cotidianidad, ni a los innumerables deseos de morir a cada instante. Porque apenas las ganas de vivir se les notaban a algunos pocos que ansiaban llegar hacia algún otro destino que los separaba de sus deseos. Los viajantes que también estuvieron atrapados en aquél terminal por horarios y tiquetes;  Todo lo demás fueron sólo aquellos simples regimientos que postraban al hombre consumidor de la época: La necesidad, y otra sana forma de crucifixión. Ni tan criticable por digno que fuera entre los cientos de hábitos que transformaban al hombre, tanto como vivir de insanas predilecciones, las ganas de comerse al mundo por falta de uno propio, la abrumadora forma de comprender situaciones que nunca buscaron por necesidad de vivir; sino por la espontaneidad propia entre cada momento que surgía, el minuto que remarcaba los corazones, y no la idea de aventura como experiencia reforzada, eso que la gente tanto anhelaba cuando un mero hábito los abrumaba.
 Todos éramos hábitos. Diseñados para vivir entre círculos que difícilmente cambiábamos por falta de seguridad propia… o impropia. Las decisiones que alguien tomaba por deducción a ajenas observaciones. La vida ajena como ejemplo. Pues como habituales seres seguíamos los pasos remarcados en el camino. Y esto también fue digno, puesto que alguien más ya habría triunfado en ese viejo camino. Quién, pues, se atrevería a cuestionarlo.
Oí una voz tentándome desde el costado, casi un susurro seductor disfrazado entre un llanto contenido desde su garganta. “Vete”. Todos se quedaron mirando como en pausa, pero sólo yo había escuchado tanta desolación. Luego la gente comenzó a dar pasos y varias lágrimas se derramaron sobre mi camisa. La miré a ella y con frialdad dije “No”. Y fue tan fácil hacerlo difícil, pero tan difícil verla a los ojos mientras me di vuelta y la dejé atrás, tal y como habíamos acordado.
Logré huir hacia un taxi sin hacerlo dramático. Mi frialdad un cascarón de huevo y mis ojos vidrios a punto de romperse. Y yo entre carriles abandonándola a ella como un a hábito… y regresando a los que ya me habían hecho a mí.
Forzábamos nuestra existencia hacia cualquier pensamiento moderno. La idea de estar con alguien por amor ya era un cliché masoquista; La vida propia en reversa se avasallaba contra los deseos, el común saber implantado entre frases bonitas que publicábamos en las redes sociales y aún así luchábamos por un amor envuelto en papel y letras desteñidas. Y nunca nadie lo afirmaba, sino, al parecer el sentido común con el que nos escudábamos diariamente para vivir sin riesgos…
Lukas Guti
14 de septiembre de 2011. 

viernes, 2 de septiembre de 2011

"Pero"



Pendiendo de volatilidades humanas
Paranoias de pensamientos inhumanos
Demasiada existencia para un individuo
Y  fue mejor vivir aquello entre dos
Para soportar tantas levedades propias
Y cargar con otras que no perturbaran
Al menos no tanto y evitar desistir.



Lukas Guti
02 de septiembre de 2011

Elogio al Egoísmo


“Cuál sería la razón para socializar si a nadie le importa lo que uno piensa”. Excepto si a uno le gusta  la persona de alguna forma, puede importar... pero sólo un poco. Seguimos estando solos; Sin llegar a complicar  el asunto “familiar”, donde los intereses comunes de uno hacen que todos se preocupen de su prójimo, por obvias razones las familias son familias. Y si acaso, por puro accidente nos enamoramos de alguien más  que uno mismo, quizá, pondría en riesgo la independencia de nuestros ideales; entonces importaría un poco más, pero  por esa propia vanidad.
Si bien, el afán irreverente por crear espacios culturales entre nuestras antipáticas sociedades se volvió una necesidad desde que  el supuesto tope de nuestra civilización comenzara a aislarse. Comenzamos por construir edificios llenos de oficinas para acentuar la manera en cómo cada uno se desenvolvía entre sus similares. La disonancia entre tantas ambivalencias estaba muy lejos de ser algo real, cuando por pura necesidad lo único que siempre ha hecho el hombre es sobrevivir, de acuerdo a esas similitudes… una evolución corrompida.
Continuaron surgiendo las formas de expresión motivado por el mero conformismo de intentar mezclarse entre círculos. Cada uno tan pretencioso aunque no tan vacío, pese a que ninguno se iba en busca de sí mismo realmente, sino por la fatua sed de morder pedazos de uno menos afortunado, y sus memorias entre líneas, pinturas o partituras.
Respeto grandemente a los artistas por dedicarse a sufrir de más por el resto del mundo. Vaya forma de crucifixión, pero más digna que alguna otra que yo hay oído mentar.
En un aula donde un músico tocaba el piano, al ritmo de  poemas que sus autores leyeran entre sí,  y de espectadores las sonrisas y gestos que no fueran para nada fortuitos, hubo algo  en común que los reunía a todos en ese mismo lugar: Su forma de pensar. Y a nadie le importaba, excepto lo que a ellos mismos llenara de júbilo. Bienvenidos a la era de los Solipsismos.


Lukas Guti
 2 de septiembre del 2011. 

Inercia



Buscando formas relativas de autodestrucción
Ya los vicios no eran hábitos tan suficientes
El hombre solicitando  su propia crucifixión
Dentro de bolsas con huesos inmunes a la felicidad
Como cuando el agua mojaba al terciopelo
Rodando hacia los basureros de las ciudadelas
Untándose de los desperdicios del mundo
Y apenas despertaban de tan incierto juicio
Mareados por girar en toda clase de porquería;
 Bautizaran ellos mismos toda esta miseria
Las ruinas erigidas confundidas en pedestales
Gritos inverecundos que se oían en rededor
Perros callejeros ensuciando las calles grises
La visiones que la sociedad intentara aplacar
Limpiando largas calles para ser civilizados
Erigiendo edificios lindos sobre escombros
Y el polvero que se tragaban las alcantarillas
El eco de una ciudad recorriendo las entrañas
Las ratas cagando el agua y el hombre bebiéndola
Tantos trechos sin terminar y puentes en cumbres
Autos dirigiéndose hacia garajes inciertos
Humanoides con portafolios caminando en fila
El atardecer y la noche buscándose como amantes
Y la oscuridad apenas repelida por los postes de luz
Y por el silencio de los que se atrevían a soñar.

Lukas Guti
2 de septiembre del 2011.

jueves, 1 de septiembre de 2011

Vicio


Envuelto en la inercia por cobijas
Cual  eje interminable de pereza
Lanas que abrazaban mi cabello
Que me ahorcaban por ignavia
Que no dejaban levantarme
Por enclaustrarme entre paredes
Las mismas paredes erigidas
El hábito de marchitos sueños
El niño blanco oculto en una caja
Pintada de sencillo blanco y rojo
La caja que moldeara mi alma
Y yo un muñeco re vendido
Etiquetado por la inmoralidad
Por las vulgaridades del hombre
Los círculos que anhelábamos
Las vuelticas que nos envejecían
La desgracia entre necesidades
Vivir sin quejarse por moralidad
Porque quejarse era inmaduro
Según los textos de algún mártir
Que hoy muerto ya no cantara
Que fue quemado entre hogueras
Por allá cuando hombres y mujeres
Se mataban…

¡Y vos fuiste otro hábito!
Ya no el de mis cobijas blancas
Y fueras un vicio  interminable
Tan digno de mi y de mis deseos
Y tan poco corrompido fueras
Mas sigues siendo tan vulnerable… 



Lukas Guti.
1 de septiembre. 2011.