lunes, 27 de agosto de 2012

"14 de Marzo"


Hoy todo reposa en cajas de cartón. Los recuerdos bajo polvaredas provenientes de las calles, y el ruido tan molesto de los autos que pude tolerar mientras dormía en el sofá por más de un año. Todavía tu sombra no se borrara de la superficie por más que pasara la escoba o los trapos remojados en lágrimas. Justo surgiera un papel el día antes de marcharme y leía tus letras  casi como una sentencia,  cada línea cortaba mi corazón como navajas, pero no era mi sangre la que brotara sino la tuya, mis cicatrices.  14 de marzo, decía. ¿Qué voy a hacer con otro recuerdo como este? ¿Qué voy a hacer con estas ruinas que dejaste? Caminar entre escombros no me evitaba tropiezos…

27 de agosto de 2012.

martes, 14 de agosto de 2012

Escribir


Cuando comencé en esto sentí estar  sumido en algún tipo de mundo mágico, tan inocente como yo mismo lo fui respecto a las letras en aquella época. Escribir por el sólo deseo de hacerlo como dejando que el lápiz recorriese casi con autonomía el papel, ligado  apenas  ante el capricho de la imaginación y la única motivación de encontrar el final de tantas páginas sin corregir. Comprendí luego que este mundo de letras está basado en manipulaciones sutiles o elegantes, creadas con el fin de moldear lo vulgar y convertirlo en arte. ¿La vanidad es arte? ¿Es el arte vanidad?
 Hablo de mi propia vanidad en cuanto a las letras, puesto que por descuido yo mismo hube de despreocuparme por tales  mamotretos. Descubriera yo tan infantiles errores y hasta con humildad me avergoncé de mi desfachatez, porque la bella intensión del texto estuvo siempre supeditada al reparo de su propia estructura, mas no de su belleza.
Entonces descuidé mi apariencia y con ello mis letras. Cometí errores gramaticales obvios, y dejó de importarme una que otra coma. Sin embargo, precisamente por mi oficio dejé rastros de esa mi vanidad, pues quien leyera mis textos sabría pues de mi supuesto nivel cultural, mis letras como alarde de conocimiento, mis líneas como mi creación, mi ego… o algún otro artilugio para enamorar masas y amores platónicos, como los poetas, como los artistas.
Si bien, mi camino por esta senda tan desigual apenas vislumbra amaneceres, logro entrever a lo lejos mayores obstáculos, como la madurez. Sí, como oficio, escribir es de toda la vida, y los cambios que uno mismo va notando de acuerdo a esa madurez literaria también suelen ser etapas detestables y  sumamente pretenciosas, y en su mayoría aquellos que logran esa pizca de humildad lo hacen casi al final de su camino escribiendo de viejos. Ya sea, pues, como poeta o escritor, me abstengo de definir la poesía entre adjetivos, que de la poética su definición es tan variable como cada etapa del individuo a la que está ligado.
Lukas Guti.
14 de agosto de 2012.

lunes, 13 de agosto de 2012

Agosto 9 del 2012.


Me vi en el interior de un auto gris, escapando de mí mismo y de la fría ciudad enclavada sobre montañas. Mi felicidad una errónea percepción de la mujer que persiguiera desde entonces, mi infelicidad una historia que comenzara a delinearse entre las carreteras, pero jamás le diera importancia a la posibilidad de finales devastadores cuando las ilusiones eran las máscaras que me cegaran.
Nunca un viaje tan corto se hizo tan largo. La ansiosa idea de poseer un amor y en mi pecho el corazón atropellando los interminables kilómetros que nos separaban. Viví ese corto tiempo en eternidades mentales  y ensoñaciones.
Quizá, entonces, el viaje fue demasiado corto para comprender el hecho de que sólo huía del hombrecillo enclaustrado entre paredes; de la música, la  tinta y los idealismos. El hombrecillo hecho pedazos por sus incapacidades sociales y sus lágrimas remarcadas en las largas noches en que se cuestionara, creyéndose casi especial por ello, pero tan abrumadoramente igual al mundo que aborrecía y que tanto se negara enfrentar. El hombre que buscara cada día un motivo para suicidarse sin tener éxito, al final encontrara un motivo no menos sencillo para vivir: amor. Sí, no era un hombre difícil de complacer.
Su gran dilema fuera la ingenuidad por la que desconociera el mundo, pues él no estaba acostumbrado a vivir como el resto de personas. Él había dedicado casi toda su vida a soñar hasta el punto creerse él mismo tales experiencias. Él era su propia utopía y los sucesos del mundo real le causaban desidia y desesperación, pues decía que el hecho de vivir no garantizaba esa línea inamovible por la que  todos debían hacer sus pasos. “¡Están todos equivocados!” Gritara para sí. Porque gritarlo en las calles sonaría a locura, excepto la vez que lo hizo estando ebrio a media calle y varias personas se burlaron. El hombrecillo argüía que si la humanidad entera se basaba en las experiencias de otros siempre terminarían crucificados. Sin embargo, cuando se enamoró nadie pudo advertirle…
La pereza que lo acogía en los últimos años por realizar actividades productivas lo convirtieron en el hombre que tanto temió. Un hombre de ideales implantados. Un hombre educado por la sociedad. Un hombre normal de los muchos que no contribuían. Debía ser ateo o con ciertas diferencias ante las religiones para mantener su cuadriculada dignidad, pero se desmoronaba cuando veía tantos como él. Tampoco arreglaba el asunto el hecho de que se volviera creyente, aunque estuvo muy cerca de dios cuando tomaba de la mano a su enamorada, no bastó esto para crucificarse a sí mismo, pese a entrar a la Iglesia por simple admiración; por instantes quiso rogar al cielo para que tal cosa jamás terminase… “Es que la vida juega con los hombres”, decía, he aquí su temor hacia la infelicidad. Cuando lo abandonaron decidió odiar incluso el amor en el que creyera, y creó a dios, ¡Sí, lo creó! Para vaciarse en Él de la misma forma en que se vaciaba en las mujeres que ya no amaba.
Lukas Guti.