viernes, 27 de abril de 2012

"Una llamada"; Fragmento III.


...Y bien, que con El Opio en la Nubes en mis manos, caminé a paso ligero hacia la estación. En todo el camino pensé en que leer este tipo de literatura me resultaba un poco vulgar, pero sólo porque un montón de universitarios que se adjudicaban el hábito de la lectura leyeron tales cosas. El cliché de leer. Pensé que debía leer este libro después de mucho tiempo de haber renunciado a mi propio hábito de devorar  cuanto libro se interpusiese en mi camino, por la infantil y no menos cara idea de afinar mi inteligencia, mas no por otras mamertas presunciones;  pensé en dejarme llevar por tales páginas para entender por qué la gente que decía leer se empeñaba ufanarse por los libros que leyeron, descubrí, pues, que la razón por la que los leyeron fue porque fueron libros simples y vulgares, ventas preconcebidas.
Aunque, mis páginas son igual de vulgares, jamás dije que fuera algo malo. Sin embargo, es lo que somos: “intelectuales”.
Casi con vergüenza llevé este libro entre mis manos, y cubrí su solapa cuánto pude de la gente. No era el libro en sí, sino su desgraciado título. Mierda, que me vean de “intelectual” con la Ilíada, no con esta mierda elaborada, pensé con prepotencia.
El único libro que me cautivara por su lenguaje, La Ilíada,  entre otros pocos que no se daban a la tarea de amansar la muchedumbre, sino de transmitir algo que muy pocos apreciarían.
Llegué a casa cansado y puse el libro sobre una mesita que había en la sala de estar. Allí reposó por varios días separado entre las primeras treinta páginas que leí.
Fue muy curioso ver a mi primo leer el libro por casi dos  días seguidos en que lo llevó hasta la mitad, teniendo en cuenta que había sido una persona perezosa para la lectura y que nunca había tomado un libro por sus propios medios, hasta ahora. Que me entiendan ahora, los “intelectuales”...


Lukas Guti.