jueves, 24 de mayo de 2012

Amor y Duelo; De un suicida.






Esto es una carta suicida ¿En verdad se le pude llamar así a este tipo de cosas? Tanto drama es innecesario. Posiblemente busco con tan embarazosa pretensión desenfundar los motivos de una muerte preconcebida, y existen tantas formas de hacerlo y todas tan poco sublimes. ¿Acaso qué muerte es sublime? En realidad es sublime sólo la forma en cómo las personas se empeñan en hacer de la muerte un espectáculo fúnebre o religioso. Es difícil no ver algo como esto cual creación literaria, tan sincera como falsa; No se preocupen, no les voy a hablar de sexo en el mismo ensayo para que no se alteren.
Pensar en el suicidio es egoísta cuando recordamos a  las personas que nos rodean, y no encuentro formas para justificarme ante ello, sin embargo, si el individuo busca justificaciones para vivir, por qué no buscarlas para morir.
Me atrevo a comparar la vida con el amor que un individuo le adjudica a algo o a alguien, el sentido.  El individuo lucha y cree en ello, en la vida, la vive y teme morir porque teme perder la vida; igual que en el amor, [1]La Entelequia. Al final el individuo muere por algo que lo motivó o desmotivó.
La idea del suicidio no surge de manera instantánea. Es una idea que se cultiva a medida que pasan los años. Una decisión que se va construyendo  en conjunto con las experiencias y decepciones, sea cual sea. El hombre necesita de su aniquilación para simplificar el sentido del que desea pender, los ideales insoportables que lo crucifican, y la necesidad de buscar su propio camino.
Confieso que nunca he intentado hacerme daño a mí mismo. Le tengo pavor a tales actos, y precisamente por este motivo  siempre he considerado que lo haría con mayor seguridad, suicidarme, sí, no debe sonar tan dramático ¿No? Como el sexo ¿No?  “Me he visto al borde de un abismo con mis manos empapadas en sudor frío saltando hasta el fondo con decisión” ¿Y quién no?  Somos “volublemente idénticos” porque la repercusión del ser en el otro determina la propia visión del mundo, por tanto iguales.
Es complicado, asimismo,  juzgar a una persona que “intenta” suicidarse o que falle en el intento, o bien que sólo se haga daño a sí mismo y descubra que esto es mayormente liberador, pero efímero como orgásmico, por tanto un círculo vicioso que evoluciona en el daño propio;  Es complicado dilucidar la magnitud de [2]Esplín que acoge al ser en esos momentos de abandono, la soledad no por estar solo, sino por el abatimiento que encausa el peso del universo entero sobre una existencia. El peso de existir dentro de limitaciones y sub-limitaciones creadas por nuestras sociedades a partir de esa necesidad de liberación.  ¿Entonces por qué el suicidio no es algo digno como la propia decisión de vivir?
 Por la única razón por la que el individuo vive es semejante a la de un reloj de cuerda que camina hasta cierto punto en el tiempo. No por inercia sino por función. Nuestra limitación es nuestro propio cuerpo, pues al cabo deja de funcionar por agotamiento físico y natural.
Cuando el individuo comienza a cuestionarse, también comienza a considerar  el suicidio como una opción. Lo que detiene al hombre reflexionar  ante ello es que este es un camino ensombrecido por la incertidumbre, desconocido al final, el raciocinio; Es lógico, pues el hombre es terrenal y de alguna manera se siente seguro en esta tierra. Entonces el hombre vive por inevitable continuidad. El presente es su continuidad, todo lo demás  son percepciones para situarse en un punto del camino recorrido, alguna otra manera de darle sentido a tal continuidad. Ahora bien, la forma en que el individuo supera esta idea es “intentando” no pensar en ello, igual que los suicidios fallidos, esto es la distracción. Y surge  el sentido tan necesitado, el ideal desde una yaga,  el significado a postrer para seguir con la continuidad. Y bien, que como digo, el individuo sólo busca motivos para vivir, o para morir.
Si bien, el suicidio es por  causa emocional, sin importar el motivo, esto amerita justificación. Comparemos de nuevo al amor, que si el amor no fuera emocional no existiría la pasión en ello. ¿Qué sucedería, pues, con el sentido? El amor racional no existe, tampoco el suicidio racional. No sean suicidas, suicídense. He ahí la entelequia.


Lukas Guti.
Jueves 24 de mayo de 2012.



[1] En la filosofía de Aristóteles, fin u objetivo de una actividad que la completa y la perfecciona.
[2] El esplín es propiamente un estado duradero de melancolía o hipocondría, que produce tedio de todo. El tedio, el hastío y el aburrimiento pueden ser pasajeros y circunstanciales, mientras que el esplín se lleva dentro, como una disposición de ánimo motivada por causas físicas o morales.